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El Blog de Rafael de Loma

Adiós a mi amigo Nicolás de Laurentis

Nicolas_Laurentis


Nicolás de Laurentis nos ha dicho adiós. Se me ha ido un amigo al que siempre recordaré. Y quiero recordarlo tal como era de verdad: Persona muy inteligente. Periodista brillante. Personaje Ingenioso. Quizá también, en lo profesional, criatura impaciente, cortante y terca, con lo que ello implicaba de arisco o coñazo. Con nosotros, no. Con Alfonso Montecelos, con Juanita Basabe, con Rafael Díaz, conmigo, con casi todos los que trabajábamos junto a él, congenió desde el principio. Fue, cosa rara,director y amigo al mismo tiempo. Bueno, a Alfonso Montecelos lo tuvo un poquito en cuarentena,porque Alfonso siempre ha sido algo "mistérico" (que diría Mota), hasta que lo conoció bien y se le entregó. Trabajarían juntos mucho tiempo en Madrid.

 

Con 20 años ya le llamaban "el profe". Fue nombrado director de "Sol de España" antes de cumplir la edad requerida legalmente (25 años), para lo cual resultó necesario que la empresa engañara a los inquisidores de Información y Turismo.

Nico, que es como le llamaba casi todo el mundo, desembarcó en la redacción de "Sol de España" apoyado por un excelente equipo de periodistas: Luis Infante Bravo, Pilar Cambra, Ramón Pi, el propio Juan Carlos Villanueva (socio de la nueva empresa), pero como llegaba sin mucha experiencia y sin conocer el terreno, no tardaron en ponerme a su lado. Así es que me tocó asistirle, en mi calidad de subdirector, en momentos trascendentales de la Transición, como, por ejemplo, cuando se produjo la noticia de la muerte de Franco, que él vivió con una excesiva felicidad mientras su mujer, María Luisa Ollero, periodista también, aguantó estoica, junto con todos los compañeros, el trabajo ímprobo de las cuatro ediciones que sacamos a la calle aquel 20 de noviembre. Durante un mes habíamos vivido la angustia de una muerte anunciada que no llegaba nunca... Apenas dormíamos, matábamos el tiempo en la Redacción jugando al fútbol y al tenis con pelotas de papel, hacíamos turnos pesadísimos, atentos al timbrazo del teletipo que no terminaba de sonar. Y cuando explotó el notición, logramos, todos a una, ser el primer periódico andaluz (y quizá el primero también, o el segundo, a nivel nacional) en decirle a las gentes que se acababa una etapa dolorosa de España. Cien mil ejemplares en la calle y la redacción llena de gentes, anises, champán, cafés y churros.

Nunca conocí a nadie más lacónico y expresivo en sus expresiones que Nicolás. Aquel 4 de julio del 76 en que esperábamos, ansiosos, la noticia de quién sería el candidato elegido por el Rey para presidir el Consejo de Ministros tras la muerte de Franco y la dimisión de Arias Navarro, me llamó por teléfono a casa. Los nombres de la terna propuesta por el Consejo del Reino entre la que tenía que decidir Juan Carlos I eran: Federico Silva Muñoz, Gregorio López Bravo y Adolfo Suárez, aunque hasta última hora había sonado también el Conde de Motrico, que parecía reunir más papeletas porque se le consideraba el más "aperturista". Sin embargo, el Rey nombró al que parecía más franquista de los tres, al que había sido nada menos que ministro del Movimiento. La llamada que me hizo Nicolás fue más que escueta. Me dijo: "Adolf". Y colgó. Con una sola palabra me transmitió un montón de cosas, pero yo entendí las dos principales: una, el cabreo que tenía porque aquel nombramiento le parecía un real disparate, un frustrante retroceso en el camino a la Democracia, y dos, que me incorporara inmediatamente al despacho, que había mucho que hacer. Por cierto, todos nos equivocamos con Suárez.
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Bajo la dirección de Nicolás, el periódico consiguió grandes éxitos y una amplia difusión. Vivimos juntos la noticia triste del cierre por 15 días decretado por el primer Consejo de Ministros que presidió el Príncipe de España (actual Rey) estando enfermo de flebitis el general Franco. Al régimen no le había gustado que dijéramos que el falangista Girón (ex ministro y líder espiritual de la extrema derecha) sufría arresto domiciliario por orden del caudillo. El recurso lo ganamos... cinco años después. Pero la empresa no reclamó, no sé porqué, daños y perjuicios.

Cuando Nicolás dejó el periódico quiso llevarme con él a Madrid para acometer interesantes proyectos. Entre su gente madrileña y el grupo de Málaga se había abierto una brecha insalvable. Nos fuimos a La Carihuela a comer y me advirtió de la poca vida (dos meses escasos, calculaba él) que le quedaba al periódico, pero yo tenía que jugármela y, sin saber si me iban a hacer director o no (había mil y una postulaciones) decidí quedarme. Y me hicieron director. El periódico, todavía no sé cómo, duró seis años más. Y él y yo seguimos viéndonos durante mucho tiempo. Incluso volvimos a unirnos en trabajos que nos depararon magníficas aventuras periodísticas, como la creación de la revista internacional "Spain Now", con la que promocionamos el turismo español en diversos mercados europeos y americanos. Estuvo también conmigo en el segundo "Sol", "El Sol del Mediterráneo", cuando hicimos el traslado al Polígono del Guadalhorce. Después, cuando Ramón Pi fue nombrado director de "Ya", a él lo hicieron director adjunto y me contrató para que contara en las páginas del rotativo madrileño el verano de la Costa del Sol, una refrescante experiencia de reportero que me permitió conocer a grandes personajes y a través de la cual pude ver de cerca las tripas de la llamada prensa rosa.

Viajamos juntos por Holanda, Inglaterra, Dinamarca, Noruega y en una ocasión compartimos con Pepe Blanch una maravillosa visita a la preciosa ciudad de Alêsund, donde asistimos al fabuloso espectáculo de un amanecer en los fiordos cuando éstos eran sometidos a la luz multicolor que proyectaban los rayos del sol filtrándose por entre un cúmulo de nubes cambiantes y lluviosas. Aquella exhibición única de belleza natural se nos quedó grabada en la retina porque sabíamos que no tendríamos más oportunidades de disfrutarla.

Alguien con un sentido del humor tan fino y sutil no tenía más remedio que dejar escritas algunas máximas hilarantes. Por eso escribió libros tales como "La guía del ingenio en la vida social" o "Gobierna que algo queda". Llegó a figurar en una lista de "Cien españoles del futuro" y dirigió el grupo Multiprés. Fue también director general de Ecoacero. Su ascendencia era italiana, pero su apellido Laurentis no era el mismo que el del productor de cine Laurentiis, con dos íes, aunque había quien los confundía. Su afición para desconectar era hacer muebles. Yo le decía carpintero y él me replicaba: ¡No tienes ni idea, chaval; esto es ebanistería fina!

Hacía tiempo que no nos veíamos. Pero no podía imaginar que me enteraría casi al mismo tiempo de su enfermedad y de su prematura muerte. Estoy seguro de que Nico debe andar ya por ahí arriba, revolviéndolo todo, inventando cosas, soltando jocosas e inteligentes frasecitas para iniciados. Con su risita chinesca y su carita de profe despistado.

A María Luisa y a sus hijos, con quienes formó una feliz familia, les envío un abrazo emocionado. Y les digo, con palabras que me salen del alma, que fue muy bonito tener como amigo, como compañero, a un tipo tan extraordinario, tan especial como Nicolás de Laurentis.
Chao, Nico.

http://www.rafaeldeloma.com/adios-a-mi-amigo-nicolas-de-laurentis/

 

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