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Los periodistas también están en crisis

 

Periodista

 
"La crisis económica está afectando a la situación laboral de los periodistas, que ven cómo su posición contractual se degrada, sus ingresos merman y la estabilidad en el empleo se convierte en un objetivo alcanzable sólo a largo plazo". Son unas líneas de la página 27 del Informe Anual de la Profesión Periodística 2009, un documento que edita la Asociación de la Prensa de Madrid (APM). Bajo la dirección de Pedro Farias y la coordinación Francisco Paniagua, dos profesores e investigadores de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga, este informe repasa asuntos tan importantes como la situación laboral de los periodistas, los problemas del gremio y los retos de los medios de comunicación.

 

Los informadores llevan meses hablando de los entresijos de la crisis y de cómo afecta a los diferentes sectores económicos, es su obligación, pero ¿quién habla de ellos? La profesión está rodeada de un halo romántico y bohemio que oculta una realidad muy dura: la crisis, tal y como nos dice el informe de la APM, "está siendo especialmente cruel con el sector de los medios de comunicación y sus profesionales". Según la encuesta que recoge este documento, el 38% de los 1.000 periodistas entrevistados asegura que ha tardado más de 12 años en lograr un contrato fijo; el 29'4%, afirma que durante 2009 sufrió recortes en el sueldo y casi un 17% se fue al paro. El 98% nos revela una realidad lamentable: la precariedad es estructural, es decir, tiene arraigo en la profesión o, lo que es lo mismo, antes la crisis (en tiempos de bonanza), los periodistas ya sufrían los problemas típicos de la inestabilidad laboral.

Por orden de importancia, las principales preocupaciones de los periodistas en relación a su profesión son:

1. Paro y precariedad laboral. Señalado como primer problema por el 41'3% de los encuestados.
2. Intrusismo laboral.
3. Baja remuneración.
4. Estudiantes realizando laborales profesionales.
5. Falta de independencia.
6. Falta de códigos éticos.
7. Baja cualificación.
8. Falta de prestigio.
9. Límites a la libertad de expresión.
10. Masificación
.

La profesión periodística está siendo vapuleada laboral y éticamente. Nunca es bueno generalizar, pero sí debemos hablar de lo que es tendencia. La precariedad en los contratos y en las condiciones de trabajo es manifiestamente mejorable. Sinceramente, estoy cansado de que nos digan algunos que esta profesión es así: contratos patéticos, sueldos mediocres, horarios eternos e impagados... la profesión es como queremos que sea, quien no tenga recursos para dar unas condiciones de trabajo razonables que no monte un medio de comunicación y se dedique a otra cosa.

La precariedad está relacionada con el exceso de mano de obra (si pides más, te vas a la calle porque los hay que están dispuestos a trabajar por menos), estrategias de reducción de costes (si hay que recortar, los sueldos tiemblan) y la devaluación del puesto de trabajo (existe la creencia de que cualquiera puede hacer de periodista, por tanto, no se valora debidamente la actividad profesional. Todos tenemos derecho a la libertad de expresión y a informar, pero para ejercer como periodista hay que tener la correspondiente titulación, esto debería implantarse previa negociación con el sector y sin efectos retroactivos).

La de periodista también es una profesión vapuleada éticamente. La Prensa arrastra un posicionamiento ideológico excesivo y su enorme dependencia de determinadas fuentes de financiación dilapida su libertad. Esto se traduce en unos bajos índices de credibilidad ante los ciudadanos. La selección de contenidos y su enfoque están condicionados en demasiadas ocasiones por factores políticos, ideológicos y económicos que nada tienen que ver con los principios del periodismo. Lo mismo que no podemos obligar a un cirujano a operar sin anestesia, tampoco podemos obligar a los periodistas a amputar parte de la realidad para servir a intereses ajenos a lo que dicta el código deontológico de la profesión.

Estas miserias no afectan ni a todos los medios de comunicación ni a todos los periodistas ni a todos los directivos por igual, pero sí es cierto que es una realidad muy extendida, un auténtico cáncer que socava los mismos pilares de la democracia. Ésta no existe si no hay un sistema de medios plural y libre, y malvive si los profesionales que informan lo hacen bajo la lápida de la precariedad y de la frustración. Los que nos dedicamos a esto de contar historias, somos los primeros que debemos luchar por cambiar este panorama.

Fuente: http://www.comunicacionaladeriva.blogspot.com/

Por Juan Diego Sánchez

 

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