POOL/EFE (GTRES) | Un diputado consulta su móvil con unos guantes durante el pleno extraordinario para explicar la declaración del estado de alarma.

EL PAÍS | Jordi Pérez Colomé.- Un grupo italiano de investigadores decidió el 20 de enero recoger tuits vinculados al Covid-19. En todas las lenguas y de todo el mundo. Llevan ya más de 120 millones de mensajes, más de cuatro millones diarios. Su objetivo es montar un observatorio para analizar la infodemia alrededor del coronavirus y ver el riesgo de información falsa que sufre cada país. En esa labor ha descubierto un patrón más interesante: cuando la amenaza del coronavirus se acercaba a un país, la difusión de enlaces a páginas poco fiables descendía. No es que desaparecieran las noticias falsas: montones de bots y humanos seguían empujando mensajes dudosos. Pero su alcance era mucho menor y la búsqueda de información de fuentes más consolidadas crecía.

“Mientras que montones de informaciones poco fiables circulaban mucho antes de que llegara la primera ola de la epidemia, cuando los primeros casos aparecían en los medios la respuesta que observamos fue una aumento en la búsqueda de noticias de confianza”, dice Manlio de Domenico, físico de sistemas complejos en la Fundación Bruno Kessler (Trento, Italia) y director del centro detrás del observatorio. “Es como si el temor al contagio alterara el comportamiento. Esto es importante para futuras políticas públicas porque nunca se había observado”, añade. La conclusión es que cuando la gente ve que su vida puede correr peligro, dejan de retuitear cualquier cosa. De repente, todo el mundo sabe dónde está la información que tiene más probabilidades de ser seria y fiable.

La observación de De Domenico centrada en Twitter parece tener una réplica en otra red social. En Facebook han visto una tendencia similar. Un informe interno, revelado por el New York Times, muestra cómo la plataforma podría predecir dónde va a llegar el virus solo por el movimiento de la población hacia información más fiable. “Correla de algún modo”, dice el informe, la relación entre interés en información sobre el virus y los casos confirmados en una región. “Mapas y gráficos detallados en el informe muestran la rápida difusión del virus coincidiendo con un incremento del tráfico a noticias sobre el coronavirus”, escribe el Times.

¿Pero implica también ese giro de interés hacia noticias del virus que las fuentes que se buscan sean más fiables? “Afortunadamente” lo son, escribe el científico de datos de la red social Ranjan Subramanian, autor del informe interno de la compañía, que menciona el “incremento sin precedentes del consumo de artículos informativos en Facebook”.

Este cambio ha provocado un aumento espectacular en la audiencia de los medios tradicionales. El informe revela un método de clasificación interna de Facebook para los medios, hasta ahora desconocido: la calidad del ecosistema de noticias (NEQ, en sus siglas en inglés). Un conjunto de variables sirven para medir esa calidad, entre ellas su historial de clickbait o la confianza que le otorgan los usuarios. Medios como el Daily Mirror o el Daily Wire, con un NEQ inferior, vieron caer su audiencia desde Facebook en las semanas en las que llegaba el virus, mientras otros de mayor calidad la aumentaban.

Hay una prevención importante con Facebook. Como se ve por la cautela de Subramanian en su informe, parece que son los usuarios los que están liderando este movimiento hacia información más fiable. Pero Facebook podría también estarlo provocando con un discreto retoque de su algoritmo, ahora que no hace falta que el feed de cada usuario sea entretenido y emocionante, porque el coronavirus es suficientemente emocionante por sí mismo. Facebook puede enseñarle lo que quiera a su audiencia: uno de los últimos anuncios de la red fue premiar mensajes de amigos y familiares por encima de medios. Pero eso ha podido cambiar sin que nadie se haya enterado. Y estas novedades podrían ser parte del esfuerzo de la red social por mejorar su imagen con el coronavirus.

Este salto de audiencia a los medios más serios lo han visto también en NewsWhip, plataforma que analiza el tráfico a medios desde redes y de la que EL PAÍS es cliente. En marzo detectaron un nivel de interacciones “sin precedentes” en inglés, conforme el virus crecía en Reino Unido y, sobre todo, Estados Unidos. La web con más interacciones del mes, la cadena NBC, llevaba 67 millones en marzo. “Para comparar, eso es más de 3 millones al día, que es más de lo que la mayoría de publicaciones recibe para todo su contenido durante todo un mes”, explican.

“Lo que sabemos es que la gente está compartiendo e interactuando más con medios de calidad durante el coronavirus, por oposición a otros de menos calidad”, asegura el director editorial y de investigación de NewsWhip, Benedict Nicholson.

Un detalle importante sobre el hallazgo del equipo de De Domenico es que no necesariamente bajó la cantidad de enlaces a sitios de poca confianza, sino que bajó la cifra de usuarios expuestos a esos links. “Sea como sea, es muy plausible”, dice. “Claramente requiere de más estudios, pero estamos convencidos de que hemos identificado un fenómeno social importante”. La distinción de las fuentes de los enlaces procede de un conjunto de medios clasificados por otros investigadores en varias lenguas, sobre todo en inglés. De un total de unos 4.000 sitios clasificados, más de la mitad son no fiables.

Queda una última pregunta. Ahora nos rodea una pandemia que pueda matar a cualquier lector. Pero cuando esto pase y hablemos de política, por ejemplo, está claro que los incentivos para buscar o compartir lo que a uno le apetezca van a ser los mismos que antes de esta amenaza. ¿Es este fenómeno algo que funcionará igual cuando no sea una cuestión de vida o muerte? De Domenico no sabe si el experimento es extrapolable. “Para el Covid-19 el foco era global y no se trata de un conflicto entre grupos o facciones”, explica.