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Carlos Pérez Ariza | La Opinión de Málaga.- A este gobierno bisoño se le puede aceptar ciertos errores, total están nuevos. Pero que cuestionen la vigencia de la libertad de expresión no se les puede permitir

Uno de los parámetros que miden la calidad de un Estado democrático es la libertad de expresión. No sólo desde su sistema mediático, sino sobre cualquier ciudadano en su derecho y deber de expresar sus pensamientos sin cortapisas. En esta España de la democracia recuperada, tras cuatro décadas de dolorosa espera, parece que brotan los amagos por restringir la expresión libre cuando las opiniones no le son propicias al gobierno de turno. Este, en sus cien días recién estrenados, viene siendo vapuleado día sí, día también, sin misericordia. Así es el juego de la democracia. No aguantar tal rifirrafe es propio de las dictaduras, que eliminan cualquier crítica adversa. Si representas a la España democrática tienes que aguantar el tipo. Si la prensa miente (está obligada a publicar documentación), están los tribunales para establecer la certeza o no de sus informaciones. Esto, querida vicepresidenta Carmen Calvo, funciona así, y usted lo sabe. Está expuesto en el artículo 20 de la CE/78. Tal libertad de expresión tiene sus limitaciones, igualmente explicadas en dicho epígrafe. Los periodistas la conocemos. Los profesores de periodismo lo enseñamos en las aulas. Usted y todos los políticos profesionales de este país también lo saben. El Tribunal Constitucional está lleno de sentencias firmes que protegen tal libertad. Saben, sabemos que sin ella no hay verdadera democracia. Su amago, señora vicepresidenta, por restringir, regular, intervenir el ejercicio de la prensa significa su intención de evitar el control de los Medios sobre su gobierno. Deje que el Cuarto Poder haga su trabajo. Haga usted el suyo.

Las mentiras, las posverdad, las fakes news, se caen por su propio peso. Tiene usted razón, por las RRSS se miente mucho. Se opina y se insulta sin miramientos. Se publican noticias falsas, malintencionadas, sin comprobación documental. Lamentablemente es imposible controlar tal avalancha informativa. La realidad cibernética ha traído un extenso campo de improperios. Pero la RRSS no es la prensa. Ahí ejercen los ciudadanos, cada uno a su aire. El sistema mediático de un país como España, altamente politizado sin duda, es la otra pata de la mesa que sostiene a esta frágil democracia. A veces parece una parodia, una mala caricatura de sí misma. Hay días que da miedo, como ese en que usted dijo lo que dijo sobre la prensa española.

Si la prensa les señala uno y otro error cometido por sus ministros o por el presidente del gobierno, la respuesta es comprobarle a los Medios que están en un error, que son malintencionados, que no les quieren, que sus pruebas son falsas. Se hace aportando comprobaciones de que tales informaciones son una mentira perversa. Es sencillo. Si no le gustan esas reglas del juego en la cancha democrática, tire la toalla y sálgase. No tendríamos que estar explicándole estas reglas, usted es una veterana socialdemócrata, no se le nuble la visión a estas alturas. Abandone la mordaza a la prensa y siga adelante. No haga como los anteriores gobernantes a los que les daban erupciones cutáneas los titulares contra su gestión, y legislaron contra la libertad de expresión. Se empieza por controlar a la prensa, se queda la democracia y la libertad tocadas de muerte, y se acaba sin la una ni la otra.

Ya en 2015, el ministro de Justicia, Rafael Catalá, gobernando el PP, planteó sancionar a los medios que publicaran filtraciones. Cobró un aluvión de reprimendas, desde Pedro Sánchez, líder entonces de la oposición, del gremio periodístico y de su propio partido. La libertad de prensa es sagrada, se escuchó aquel año. Ahora, el tema es el mismo, pero el gobierno es otro, con idéntica propuesta. Limitar la libertad de expresión le haría un grave daño a la democracia española. Así ha sido en todos los países en que se ha restringido. Las filtraciones son una base importante del ejercicio de este oficio. El periodista y su medio tienen la obligación de comprobarlas con otras fuentes. Lo enseñaron aquellos jóvenes del Post de Washington. Sus informaciones se basaron en las filtraciones de ‘Garganta profunda’, que ellos fueron contrastando con decenas de fuentes. Así, cayó el gobierno de Richard Nixon. Esa es la historia de la prensa democrática, señora vicepresidenta. Son tres poderes más la prensa, pensados para que se controlen unos a otros, lo dejó dicho Walter Lippmann.

Desde Suetonio, en la lejana Roma imperial. «En un estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra deben ser libres». Hasta la atribuida a Voltaire, «No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo». O el más cercano: «Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve de nada», José Luis Sampedro. Y el intelectual de la izquierda estadounidense, Noam Chomsky: «Si no creemos en la libertad de expresión de aquellos que despreciamos, no creemos en ella en absoluto». En resumen, vicepresidenta, en este tema se está en contra o a favor, no hay términos medios. Los Colegios de periodistas y sus Asociaciones de toda España se lo han recordado ya. Siga adelante, que España necesita más empleo, más justicia, más libertad y más gobierno.