Asociación de la Prensa de Málaga

Afganistán: el 40% de los medios han cerrado y el 80% de mujeres periodistas están en paro

RSF – 10.01.2022. Un estudio de Reporteros Sin Fronteras y la Asociación de Periodistas Independientes de Afganistán (AIJA) dibuja un cambio drástico del paisaje mediático afgano, desde la llegada al poder de los talibanes. En total, 231 medios han echado el cierre y más de 6.400 periodistas han perdido su empleo, desde el 15 de agosto de 2021. Las periodistas afganas son las más afectadas: cuatro de cada cinco ya no trabajan.

Las consecuencias en el panorama mediático de Afganistán de la llegada al poder de los talibanes hablan por sí solas: según un estudio realizado por RSF, junto a su colaborador local AIJA (Afghan Independent Journalists Association), más del 40% de los medios ha desaparecido y el 60% de los periodistas y colaboradores de medios ha dejado de trabajar. Las mujeres se ven claramente más afectadas que los hombres: el 84% de ellas ha perdido su empleo. Estos datos se han calculado sobre la base de un censo del número de medios y periodistas activos antes de la toma del poder por los talibanes, el 15 de agosto de 2021.

Un cambio radical del panorama mediático afgano

La llegada de los talibanes ha modificado drásticamente el paisaje mediático: de los 543 medios censados a principios del verano, solo 312 funcionaban aún a finales de noviembre de 2021. Esto significa que el 43% de los medios afganos ha desaparecido en el espacio de tres meses.

Mientras que, hace solo cuatro meses, la mayoría de las provincias de Afganistán contaba al menos con una decena de medios privados, ahora algunas regiones carecen prácticamente de medios locales. En la montañosa provincia de Parwan, en el norte, no quedan más que 3 medios activos de los 10 que existían antes. En el oeste, en la región de Herat -la tercera ciudad del país-, tan solo funcionan 18 medios de los 51 que existían, lo que supone un desplome del 65%. La región de Kabul, en el centro, que concentraba el mayor número de medios del país, tampoco se ha librado de la hecatombe y ha perdido uno de cada dos medios en activo (el 51%): de los 148 censados antes del 15 de agosto, solo 72 permanecen en funcionamiento a finales de 2021.

Un impacto directo en los periodistas

El cierre o el descenso de actividad de los medios han tenido un importante impacto en el empleo del conjunto de profesionales de la información: de las 10.790 personas que trabajaban en las redacciones afganas (8.290 hombres y 2.490 mujeres) a principios de agosto, tan solo 4.360 seguían en activo en el momento de realizar el estudio (3.950 hombres y 410 mujeres), es decir, 4 de cada 10 periodistas. En proporción, las mujeres se han visto claramente más afectadas: más de 4 de cada cinco (el 84%) ha perdido su empleo desde la llegada de los talibanes, mientras que esto solo sucede con uno de cada dos hombres (el 52%).

 

Ya no hay mujeres periodistas en gran parte de Afganistán

Seis provincias han asistido a la pérdida de empleo de tres cuartas partes de sus periodistas. Pero, en 15 de las 34 provincias del país ya no hay ni una sola mujer en activo. Por ejemplo, la provincia de Jawzjan, en el norte, contaba con 19 medios que daban trabajo a 112 mujeres y ahora solo 12 siguen funcionando, sin ninguna mujer en plantilla.

En numerosas localidades, los medios tienen que respetar las condiciones impuestas localmente por los talibanes que controlan esas zonas y que pasan por apartar a las mujeres periodistas. Incluso en las regiones en las que estaban tradicionalmente más presentes, como Kabul, las mujeres periodistas también han desaparecido del panorama mediático. Decenas de ellas han retomado su trabajo durante los dos últimos meses (apenas 100 se atrevieron a acudir a su redacción en las semanas posteriores a la llegada de los talibanes a la capital y al mandato que emitieron para que las mujeres se queden en casa), pero son pocas. Al final, sobre las 1.190 periodistas y trabajadoras de medios censadas a principios de agosto en la capital, solo 320 siguen actualmente en activo, lo que supone un descenso del 73%.

En la provincia de Nangarhar, en la que cuatro profesionales de la información han sido asesinadas en menos de un año, ya solo quedan 17 mujeres en activo, de las 65 que aún ejercían a principios de agosto (-74%). El desplome es aún más aparatoso en las provincias de Balkh y de Herat, donde el número de mujeres periodistas y trabajadoras de medios se ha hundido un 98% y un 94%, respectivamente. La relativa estabilidad que reinaba en estas dos regiones, en los últimos años, había favorecido el desarrollo de los medios y el trabajo de las mujeres. La llegada de los talibanes al poder ha arrasado en unos cuantos días con los avances de los últimos 20 años.

Las presiones del nuevo poder

 

En la capital, como en el resto del país, las condiciones para ejercer el periodismo se han complicado especialmente desde la llegada de los talibanes. Los medios deben adherirse a las “once reglas del periodismo” promulgadas por el Ministerio de Información y Cultura y a la interpretación que hacen los talibanes del precepto islámico de ordenar el bien y prohibir el mal. Este peligroso texto abre las puertas a la censura y la persecución. De hecho, los periodistas han perdido su independencia: obligados a informar a los responsable del departamento del Ministerio de Información y Cultura sobre los temas que quieren cubrir, no solo tienen que obtener una autorización previa para poder trabajar, sino que han de someter el resultado de su reportaje a “verificación” para poder difundirlo.

En ciertas provincias, la obligación de reemplazar los informativos por música y por programas de carácter exclusivamente religioso ha forzado a varias emisoras locales de radio a dejar de emitir.

“Es urgente detener la espiral que está llevando a la desaparición inevitable de los medios afganos y hacer del respeto a la libertad de prensa una prioridad”, afirma el responsable de Irán-Afganistán de RSF, Reza Moini. “La seguridad de los profesionales de la información, la suerte de las mujeres periodistas, la ley sobre los medios y el derecho de acceso a la información son cuestiones cruciales que deben ser abordadas por las autoridades, a la mayor brevedad. Sin una prensa libre, capaz de exponer los desmanes de un  mal gobierno, nadie puede pretender luchar contra la hambruna, la pobreza, la corrupción, el narcotráfico y otras plagas que asolan Afganistán y que impiden la instauración de una paz duradera en el país”, añade.

Contactado por RSF, el portavoz del Gobierno Zabihullah Mujahid ha afirmado que el Emirato Islámico de Afganistán apoya “la libertad de los medios, en el marco definido para preservar los intereses superiores del país, en el respeto a la sharía y el Islam”, así como que el Gobierno tiene la intención de “ayudar a los medios en funcionamiento a seguir estándolo y a los otros, a encontrar soluciones para que puedan retomar su actividad”.

Consultado también por la proliferación de incidentes violentos contra periodistas sobre el terreno por parte de las fuerzas de seguridad de los talibanes (cerca de cuarenta desde el 15 de agosto de 2021), el portavoz del Gobierno ha reconocido la responsabilidad de éstas, ya que “no han tenido siempre un comportamiento correcto y profesional” y ha asegurado que se harían esfuerzos para “intentar formarlas y controlar estas actuaciones”. El objetivo de los responsables talibanes, según afirma, es el de proseguir los encuentros entre representantes de los medios y el Gobierno “para encontrar juntos soluciones” a los problemas actuales.

 

Las consecuencias económicas

 

Más allá de la represión, los propietarios de los medios encaran nuevas dificultades económicas. Una buena parte funcionaba con ayudas nacionales e internacionales, que se han interrumpido tras la llegada de los talibanes. “Estas ayudas, que provenían esencialmente de países con presencia militar en Afganistán y a los que les interesaba concederlas, se han cortado” explica el portavoz del Gobierno Zabihullah Mujahid.

Los medios también están sufriendo por el descenso de los ingresos publicitarios. Como explica el dueño de una emisora de radio que cerró a finales de octubre en la provincia de Nangarhar (donde ha desaparecido el 35% de los medios): “la situación económica es tan desastrosa que la mayoría de los comerciantes, incluso los que mantienen abierto el negocio, ya no tiene medios para gastar dinero en publicidad”.

Aunque reconoce que han desaparecido numerosos medios, Zabihullah Mujahid apunta también a “la fuga del país de sus directivos y responsables”, como factor que ha contribuido a su “quiebra”. Desde el mes de agosto, centenares de periodistas han dejado el país por miedo a las represalias o por la imposibilidad de continuar ejerciendo su profesión.

Más allá de las cifras, el cierre de más de la mitad de los medios del país y la pérdida de más de 6.000 empleos es una catástrofe para la libertad de prensa”, se lamenta el director ejecutivo de la Asociación de Periodistas Independientes de Afganistán (AIJA, Afghan Independent Journalists Association), Hojatollah Mujadadi. “Si las instituciones internacionales no ayudan a los periodistas y a los medios en Afganistán, y si el Gobierno no toma medidas urgentes, la mitad restante de los medios y periodistas que aún trabaja en condiciones realmente difíciles va a correr la misma suerte”, advierte.

En la última edición de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, publicada el pasado mes de abril, Afganistán ocupaba el puesto 122 de 180 países.

Metodología

Los datos recogidos en esta publicación han sido recabados entre el 15 de noviembre y el 8 de diciembre de 2021 por RSF y AIJA. Las dos organizaciones han censado a los medios implantados en cada provincia, tanto antes del 15 de agosto de 2021, fecha de llegada de los talibanes a la capital, Kabul, como después del 15 de noviembre. Las oficinas locales de los medios nacionales e internacionales instaladas en una provincia han sido contabilizadas como un medio. Los medios de nueva creación también han sido tenidos en cuenta. Para cada uno de estos medios, el número de empleados (periodistas y otros trabajadores) también ha sido censado y desglosado por sexo (mujer y hombre).