¿Qué son los medios de comunicación? ¿Cuál es su valor social? ¿Contribuyen positivamente en la creación de una conciencia colectiva, o no? ¿Por qué cada día se consume menos prensa? ¿Son las nuevas generaciones conscientes del valor de la información?

De veinte años en adelante, la prensa y en general la profesión periodística ha perdido credibilidad. Tanto la crisis del papel, como la crisis económica han ocasionado un profundo daño en las plantillas mediáticas. Tanto en radio como televisión, y especialmente en prensa, se ha perdido la figura del periodista fijo, de calidad, que día tras día iba a la caza de una buena noticia. Amparados en las pérdidas, las empresas, que son los medios de comunicación, han dejado gran parte de su trabajo informativo en manos de colaborados, que bien no cobran un euro, o bien en manos de periodistas freelance mal pagados y muchos de ellos sin la experiencia previa requerida. Experiencia que se les niega, pues la figura del becario ha comenzado a extinguirse, y su valor a difuminarse. A todo ello, le sumamos internet y ese infinito mar que es la red. ¿Quién paga ahora por la información? Acceder a cualquier tipo de publicación, sin comprobar ni fuentes ni credibilidad de manera gratuita, está terminando por sentenciar a esas plataformas mediáticas que buscan reinventarse a través de la era digital.

En medio de este panorama, la información ha sido la gran perjudicada, y quienes han sufrido las consecuencias, los ciudadanos. El cuarto poder se aleja cada vez más de su propio mito. “Ser los ojos que vigilan y velan porque la democracia no se convierta en beneficio de unos pocos”, o algo similar. Las personas de a pie se han visto desbordadas por lo absurdo. A nadie remueve ya los últimos casos de corrupción, las muertes de inocentes más allá del Mediterráneo o el avance del cambio climático. Permanecemos anestesiados. Enfrascados en una rutina que nos absorbe y apenas no deja tiempo, se va perdiendo ese gran valor añadido que era leer las noticias para estar al tanto. La labor de estar informados, pues es una labor a la que hay que dedicar tiempo y ganas, es una cuestión cívica. Algo que en países como Noruega o Inglaterra se mama como cotidiano en el seno de las familias.

Los niños son el futuro. Ellos tomarán las riendas del mundo, para bien o para mal. Abrirán nuevos caminos y cerraran otros ya abiertos, y es a ellos a quienes hay que convencer de la importancia de sostener un buen sistema mediático. Convencerlos de la necesidad de un periodismo de calidad. Convencerlos del inmenso trabajo que cuesta a los profesionales de la información hacer bien su trabajo. Convencerlos de lo necesario de su implicación como
individuos de pensamiento crítico y único. Recordarles, que ser ciudadanos no consiste únicamente en ir a votar cada cuatro años, implica pedir explicaciones, por mucha pereza que eso nos ocasione. Conlleva exigir a quienes nos informan que, sin importar quién ande detrás de su financiación o ideología, son, ante todo, medios de comunicación, y la palabra “medio de información” implica inevitablemente: responsabilidad social.

Este proyecto, llamado La Prensa en mi Mochila, busca a través de la educación, colaboración con familias y profesores, llegar a ese futuro que son los niños. Hacerles participar de lo que son los medios de comunicación y animarlos a contribuir positivamente en su labor de difusión.

¡Animamos a todo el que quiera a seguirnos y participar de esta iniciativa!