La desinformación ya no es un efecto colateral del entorno digital, sino uno de los factores que explican la pérdida de confianza en los medios y el deterioro del debate público. Así lo concluye un reciente estudio español que analiza el papel de las fake news en el actual ecosistema informativo y su impacto directo en el funcionamiento de la democracia.

El informe, coordinado por el investigador Josetxo Martínez Itoiz y elaborado a partir de las aportaciones de 27 expertos del ámbito periodístico, académico y jurídico, señala que la difusión de contenidos falsos o engañosos responde a dinámicas estructurales. Entre ellas, destaca el peso de las plataformas digitales, cuyos algoritmos priorizan la viralidad y la emocionalidad frente a la información verificada.

La investigación distingue entre errores informativos provocados por la falta de rigor y la desinformación deliberada – la creación y difusión de contenidos falsos con fines políticos o económicos-. Este segundo fenómeno, advierten los autores, contribuye a la polarización social, debilita el pluralismo informativo y erosiona la credibilidad del periodismo profesional.

El estudio también apunta a responsabilidades compartidas. Junto a las plataformas tecnológicas, identifica la precariedad laboral en los medios, la concentración empresarial y la presión por la inmediatez como factores que dificultan el ejercicio de un periodismo contrastado. A ello se suma el papel de los actores políticos y de una ciudadanía expuesta a un exceso de información sin herramientas suficientes para evaluarla críticamente.

Como respuesta, se destaca la necesidad de reforzar la verificación, la transparencia y la alfabetización mediática, así como de avanzar en modelos de regulación que impliquen a instituciones, medios y plataformas. Para los autores, solo un periodismo sólido y riguroso podrá recuperar su función social en un contexto marcado por la sobreabundancia informativa y la desconfianza.