GRAF2672. MADRID, 13/04/2018.- Nemesio Rodríguez, actual vicepresidente de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y candidato a la presidencia de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), durante la entrevista concedida a Efe en la que asevera que "Todo trabajo periodístico debe ser remunerado. Sea becario, sea practicante, sea lo que sea". Rodríguez se medirá al presidente del Club Internacional de Prensa, Javier Martín-Domínguez, por la presidencia de la FAPE que mañana elige a su nueva junta directiva. EFE/Ángel Díaz

Comprometida con la firme defensa de la libertad de expresión,  la Asociación de la Prensa de Málaga cumple 115 años. Es una efemérides que demuestra la fortaleza de la APM en la defensa de los derechos de los periodistas y del periodismo veraz y de calidad, el único que permitirá que nuestro oficio consolide su papel, reconocido oficialmente en la pandemia que estamos sufriendo, como servicio esencial para los ciudadanos .

El servicio a los ciudadanos es la razón de ser del periodismo. Y ese servicio adquiere un relieve mayor en los momentos de crisis, cuando la sociedad busca respuestas que a veces no encuentra de una manera transparente en las administraciones públicas.

Ese contrato de lealtad que firmamos con los ciudadanos es también la base del periodismo de calidad, que es ni más ni menos el que elabora y difunde informaciones veraces, verificadas, contrastadas con fuentes fiables y sujetas a las normas de nuestro Código Deontológico.

Solo con estos principios podremos garantizar adecuadamente el derecho de información de los ciudadanos para que tomen sus decisiones con conocimiento de causa y en libertad.  Solo con estos principios podemos cumplir otra de nuestras funciones más importantes: el control crítico e independiente del poder.

En el periodo de confinamiento derivado del coronavirus, vivimos la gran paradoja de que nunca estuvimos tan aislados y nunca tan conectados. Pero la conexión global no es todo lo sana que necesitamos para que los ciudadanos decidan libremente. Tiene un componente altamente tóxico, ya que potencia la difusión de bulos y mentiras y facilita las estrategias de desinformación.

Con la noticia falseada, manipulada o distorsionada, el ciudadano extrae conclusiones que, de haber conocido la verdad, hubieran sido bien distintas. La mentira condiciona la opinión pública y enturbia el diálogo cívico, la convivencia y la tolerancia.

Como ya escribió en el siglo pasado el ensayista, filosofo y periodista estadounidense Walter Lippman (Nueva York, 23 de septiembre de 1889 – Nueva York, 14 de diciembre de 1974)  “no puede haber libertad para una comunidad que carezca de los medios para detectar la mentira”.  Si Lippman viviera ahora, se asombraría de hasta qué punto se ha agravado el problema que denunciaba.

Los periodistas tenemos una gran responsabilidad en el combate contra la desinformación, ya que el elemento principal de nuestro trabajo es la búsqueda de la verdad. “El periodismo ofrece algo único a una sociedad: la información independiente, veraz, exacta y ecuánime, que todo ciudadano necesita para ser libre”, señalan Bill Kovach y Tom Rosenstiel en “Los elementos del periodismo”.

En el ambiente informativo de hoy en el que es difícil distinguir entre la verdad y la mentira, la tarea de las asociaciones cobra un relieve especial. Asociarse significa unirse para defender una causa, unos derechos y unos intereses comunes. En el caso de la prensa, asociarse es también apostar por la libertad de expresión y comprometerse a luchar sin desmayo contra todo intento de limitarla.

Con la fuerza que le dan sus integrantes, las asociaciones pueden, y deben, ejercer un papel eficaz en la denuncia de toda amenaza a dicha libertad, venga de donde venga. Es una lucha en la que no cabe mirar hacia otro lado. Se lo debemos a los ciudadanos y a nosotros mismos. Porque sin esa libertad, de la que deriva la de prensa, corremos el riesgo de que la profesión desaparezca.

Felicitamos por este 115 aniversario a la APM y la alentamos a mantener y reforzar la protección de los derechos de los periodistas ante los nuevos desafíos que afronta nuestra profesión, en un contexto de crisis que está comenzando a repercutir muy negativamente en la conservación de los empleos.

Vienen otra vez tiempos duros para la profesión. Unos tiempos que exigirán a las asociaciones volcarse en la defensa del periodismo como parte vital que es de nuestro sistema democrático. No tenemos ninguna duda de que la APM, bajo la presidencia de Elena Blanco Castilla, estará en la primera línea de batalla.

Cierro esta reflexión con un recuerdo muy especial a todos los presidentes de la APM que han logrado conservar y convertir a esta asociación en una de las más pujantes de la FAPE. Gracias por vuestro esfuerzo y dedicación.