3 MAYO | “Amenazas contra la libertad de prensa”, por Elena Blanco Castilla, presidenta de la APM

MÁLAGA, 03.05.2022 | Hoy, tres de mayo, se conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa, buen momento para preguntarnos cuál es la situación. Ya adelanto que el retroceso en el derecho a la información es sustancial, con restricciones e impedimentos reiterados a la libre cobertura de los hechos. Muchos de nuestros dirigentes creen que la información les pertenece. No respetan una norma básica en una democracia real, donde el poder de la información radica en la ciudadanía. Se ha utilizado el caos y el miedo provocado por la pandemia de la Covid-19 para hurtar este principio, y no lo quieren devolver.

La convergencia de los medios de comunicación en el entorno europeo ha evolucionado en las últimas décadas, debido a las determinaciones jurídicas del llamado derecho comunitario, aun cuando las aportaciones normativas hayan sido escasas y orientadas a consideraciones mercantiles, en detrimento de la libertad de expresión. España escaló puestos, pero sigue muy rezagada y ahora, en regresión.

En el ranking anual que elabora Reporteros sin Fronteras sobre la situación de la libertad de prensa en el mundo, cuyos datos referidos a 2021 se difunden precisamente hoy, observamos la mala posición de España, que cae hasta el puesto 32, tres menos que en el estudio anterior. Ocupa el primer lugar Noruega, como es habitual, pero en total nos preceden 21 países europeos, junto a otros lugares del mundo que quizás no imaginemos: Namibia, Trinidad Tobago, Timor Oriental o Jamaica, entre otros.

En este ranking se mide el nivel de pluralismo y de independencia. Es decir, la capacidad de los medios de funcionar de manera independiente de los poderes políticos, gubernamentales, económicos y religiosos, así como la posible autocensura que esta injerencia origine. Que un periodista renuncie a su libertad por temor a posibles  consecuencias es un hecho que nos debe poner en alerta, porque la autocensura es un dilema ético que afecta directamente a la sociedad y a la libertad de prensa. La autocensura ha regresado a España estrechamente ligada a la polarización política y mediática, uno de los indicadores en los que más empeoramos.

Hay otros parámetros deficitarios, ligados a la transparencia de las instituciones y a los procedimientos para la producción de información. La Ley de Transparencia, recibida en su día con entusiasmo, es insuficiente: no se cumplen los plazos para informar ni se obliga a las instituciones a hacerlo, por lo que dependemos de la voluntad de informar de cada uno.

El día a día muestra que sistemáticamente se dificultan los procedimientos, tanto por el incumplimiento de esta Ley como por las cortapisas al libre acceso a la información, con ruedas de prensa y comparecencias en las que no se admiten preguntas, han sido obligatoriamente pactadas o se prohíbe la presencia de algún medio. La pandemia es un claro ejemplo de este dirigismo informativo. Una práctica anticonstitucional, contraria al derecho a la información de los ciudadanos, que abiertamente mantienen importantes dirigentes políticos.

Los actos de violencia contra periodistas son también motivo de preocupación. Lo cierto es que se les ha situado en la diana del discurso de odio que promueven algunos sectores, que ha derivado en un incremento de agresiones físicas y verbales. El fenómeno se intensificó en los años previos a la pandemia, con casos de agresiones por parte de policías y manifestantes en el entorno del conflicto catalán o como consecuencia del auge de la extrema derecha, sin olvidar el hostigamiento hacia profesionales por parte de responsables políticos, supuestamente democráticos.

Pero hay otras formas de intimidación, especialmente graves a través de las redes sociales. El discurso de odio y las situaciones de acoso que propician, con consecuencias directas en el trabajo periodístico, ha llevado a la Unesco a acuñar para éste 3 de mayo el lema “Periodismo bajo asedio digital”.

El debilitamiento de la libertad de prensa está siempre ligada a la erosión de las instituciones y a los obstáculos a la producción de la información, ya provengan de las propias instituciones o del entorno político y social, en un intento creciente de deslegitimación del periodismo. Es fundamental conocer el grado de libertad del que gozan periodistas y medios porque es una forma fiable de medir el grado de estabilidad democrática de un país. No olvidemos que los medios juegan un papel fundamental como factor de cohesión colectiva y como garantes de una sociedad democrática, y en este sentido, nos debe preocupar, y mucho, la mala posición de España en el ranking mundial de la libertad de prensa. Hoy, tres de mayo, necesitamos reflexionar sobre el deterioro de la libertad de prensa y tomar conciencia de sus efectos para no ser cómplices.

Elena Blanco Castilla
Presidenta de la Asociación de la Prensa de Málaga