Arabia Saudí ejecuta al periodista Turki al‑Jasser, primer caso de esta gravedad desde el asesinato de Khashoggi
RSF califica la ejecución de "barbarie" y traza el perfil de sus compañeros encarcelados de los que pide su inmediata liberación
30 julio, 2025

El periodista saudí Turki al‑Jasser fue ejecutado el 14 de junio de 2025 en Riad tras haber sido condenado por “alta traición” y “terrorismo” en un juicio denunciado por su opacidad y falta de garantías. Al‑Jasser había sido detenido en 2018 acusado de gestionar de forma anónima una cuenta crítica con la familia real y las políticas del reino. Diversas organizaciones internacionales han denunciado la ejecución como una represalia directa por su labor informativa y de denuncia en redes sociales.
La ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) condenó enérgicamente el crimen y lo calificó como un “acto de barbarie de Estado”. “La ejecución de Turki al‑Jasser representa una línea roja en la represión saudí contra la libertad de prensa. Es el punto más alto de una escalada que comenzó con el brutal asesinato de Jamal Khashoggi y que ahora se institucionaliza a través del sistema judicial”, afirmó Christophe Deloire, secretario general de RSF. La organización ha solicitado una investigación internacional independiente y ha exigido a los gobiernos democráticos que tomen represalias diplomáticas y económicas contra Riad. La ejecución del periodista Turki al-Jasser por parte del régimen saudí ha reavivado la preocupación por la suerte de otros 14 profesionales de la información encarcelados. Reporteros Sin Fronteras denuncia esta grave deriva represiva, da a conocer los perfiles de los periodistas encarcelados en su página web y exige su liberación inmediata.
Seudónimo ‘Kashkool’
Al‑Jasser, que escribía sobre derechos civiles y corrupción, era conocido por dirigir el blog Al‑Mashhad Al‑Saudi y por sus publicaciones satíricas bajo el seudónimo “Kashkool”. Según medios internacionales y organizaciones de derechos humanos, su identidad habría sido revelada a las autoridades saudíes gracias a una filtración de datos interna en la plataforma Twitter, en los años previos a su detención.
Esta ejecución —la primera de un periodista en Arabia Saudí por motivos relacionados con su labor profesional— eleva las alarmas sobre el deterioro extremo de la libertad de prensa en el país y en la región. Tanto RSF como el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) y la UNESCO han coincidido en calificar el asesinato como un “crimen político” y un precedente gravísimo para el ejercicio del periodismo en contextos autoritarios.