España comparte con muchos estados de la UE una etapa de fragilidad estructural en el ecosistema mediático: si bien no aparece como caso extremo, las advertencias del MPM —alta concentración mediática, escasa transparencia, debilidades en la independencia política y limitaciones en la diversidad social— la sitúan “a medio camino”, mejor que países con riesgos muy altos, peor que aquellos con regulaciones y pluralismo consolidados. El informe Centre for Media Pluralism and Media Freedom (MPM 2025) muestra que España, aunque no destaca entre los países de la Unión Europea (UE) como un referente de pluralismo absoluto, presenta una situación intermedia con tensiones estructurales muy similares a las observadas en varios de sus socios. Según el documento, España obtiene una valoración de “riesgo medio-alto” en pluralismo mediático, con una puntuación global de riesgo del 53 %.

Un punto particularmente débil es la “pluralidad de mercado. España registra uno de los riesgos más elevados en la UE en ese ámbito, debido a la alta concentración en radio, televisión y prensa, la opacidad sobre la propiedad real de los medios y la falta de datos confiables en el ámbito digital. En cuanto a “protección fundamental” —libertad de expresión, derecho a la información, protección a periodistas— España obtiene un riesgo medio (42 %), lo que indica que no hay un colapso, pero sí carencias comparativas respecto a países con menor riesgo.

Respecto a la “independencia política” de los medios, el país también se sitúa en riesgo medio, lo que evidencia vulnerabilidades estructurales en la autonomía editorial, especialmente en medios públicos, donde persisten temores sobre interferencias políticas en nombramientos directivos y decisiones informativas. Finalmente, en “inclusión social” —es decir diversidad de voces, representación de minorías, igualdad de género en los medios— España presenta importantes deficiencias (riesgo 54 %), lo que lo aleja de los estándares de inclusión que algunos países de la UE consiguen con mayor consistencia.