El presidente Donald Trump ha intensificado en su segundo mandato su confrontación con periodistas y medios de comunicación que critican su gestión, calificándolos repetidamente como “enemigos del pueblo” y culpándolos de difundir “bulos”. Esta retórica se ha traducido en acciones concretas que, según observadores internacionales, erosionan el acceso a información fiable y la libertad de prensa en Estados Unidos.

Organismos como Reporteros Sin Fronteras (RSF) han documentado una serie de medidas tempranas de la Administración Trump que incluyen censura de datos gubernamentales, presión política sobre medios críticos y la creación de páginas oficiales que desacreditan a periodistas y medios con etiquetas de “ofensores” sin ofrecer desmentidos verificados. La organización advierte de que estas prácticas reflejan tácticas típicas de estados autoritarios y han llevado a situar a Estados Unidos en su Lista de Depredadores de la Libertad de Prensa 2025, junto a gobiernos como los de Daniel Ortega en Nicaragua y Vladimir Putin en Rusia.

En paralelo, Trump ha impulsado decisiones políticas que afectan directamente a la estructura mediática, como la retirada del financiamiento federal a emisoras públicas estratégicas como PBS y NPR, dos de los principales canales de información independiente en televisión y radio del país. El decreto, firmado en 2025, eliminó el apoyo económico a estas organizaciones, que dependen en parte de fondos públicos, en un gesto visto por analistas como parte de su ofensiva contra medios percibidos como hostiles.

El impacto de esta escalada se refleja también en la percepción pública: según datos recientes de Gallup, solo el 28 % de los estadounidenses confía “mucho” o “bastante” en los medios de comunicación para informar de manera veraz y equilibrada, un mínimo histórico que evidencia un profundo desgaste de la confianza en el periodismo tradicional.

Estos desarrollos se producen en un contexto de creciente preocupación global por la libertad de prensa y la independencia informativa, con organizaciones internacionales advirtiendo que la expansión de medidas que limitan el acceso a información y estigmatizan a los medios puede tener efectos duraderos en la democracia estadounidense y su papel como referente de libertades.